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Valles de extraordinaria belleza, montañas de gran altitud e infinidad de ríos cruzando sus pequeños y peculiares pueblos, componen el paisaje típico de esta sierra.
Se conservan restos prerromanos, romanos y medievales, además de importantes muestras de arquitectura popular.
Sus habitantes, en gran parte mayores, no han perdido los modos de vida de antaño, por que lo que aún conservan las costumbres y tradiciones autóctonas, en muchos casos de origen galaico-astur-leonés. Algunos habitan todavía las antiguas viviendas rurales, como sus típicas pallozas, en las que los hombres y animales comparten techo para darse calor en los frios inviernos.
"Nunca se termina de viajar si tienes la curiosidad de fijarte en lo más pequeño".